Confluyen en ti, te piensan los sueños que he tenido, te constituye el caos en mi memoria ficticia y dramatizada.
Te arma la carne de todas, restos olvidados en mi cama, piezas de mujeres que alguna vez me pensaron.
Te forja la suma, ecuación imposible, cálculo desmedido.
Pero esas tus partes de ellas, disímbolas y contradictorias, se han apropiado de reacciones que no les pertenecían.
Tu ojo izquierdo de Diana guiña como me acariciaba la mano de Sofía. La pierna derecha de Nallely se acomoda como el brazo de Daniela. Los chinos de Fabiola se quedan quietos como cuando Michelle decía que me quería.
Te has fundido en todas y ninguna, sublimes trozos de amores mal irrigados. Pavorosa imagen, amorosos recuerdos, podridas buenas intenciones. Eres todas y ninguna
Madame Frankenstein, bienvenida seas.